Durante el acto formal por el 128° aniversario de General La Madrid uno de los oradores fue Gastón Escudero, un joven estudiante de periodismo radicado en La Plata que hizo referencia a los valores del pueblo.

Aquí su reflexión:
Seguramente nos sucedió a todos que estando de viaje, sea por estudio o casual o estando de vacaciones, nos encontramos con otro grupo de gente que es de La Madrid. Entonces inmediatamente nos acercamos y nos saludamos, y nos preguntamos qué estamos haciendo, y dentro del grupo hay alguno que comenta “este me saluda acá y en La Madrid ni me mira”. Pero sin embargo podemos reconocer que nos vemos y nos saludamos.
Suele pasar a veces que viene alguien a La Madrid y sin conocerlo lo saludan porque acá saludamos mucho sin conocer. Esa persona se siente más cómoda en la visita porque entiende que hay un gesto cálido, como un agasajo, una invitación a que vuelva a venir.
Podemos decir que la gente de La Madrid se preocupa por el otro, le interesa el otro. Eso es algo muy importante porque significa que nos cuidamos entre nosotros.
Cuando me llamaron para invitarme me había tomado un taxi y el taxista se dio cuenta enseguida que era del interior; no sé si por los gestos, por la manera de hablar, por diferentes actitudes, entonces me pregunta de dónde soy y le digo que soy de General La Madrid, y me pregunta cuántos somos, y le digo que desde hace 20 años somos cerca de 10 mil; el tipo me dice: “qué lindo, qué bueno vivir en un lugar tan tranquilo”, yo le respondo que sí, que a veces es demasiado tranquilo pero que es lindo… en ese llamado que me hicieron me dijeron que querían la perspectiva de un joven y es muy difícil hablar porque todos tenemos diferentes perspectivas pero creo que también tenemos cosas en común, por ejemplo quienes hemos sido criados en La Madrid o quienes son padres entenderán que tenemos una gran deuda con La Madrid que se debe a nuestra niñez, y es que aquí tenemos una niñez fantástica, bien saben los padres que crían a sus hijos en un pueblo que es tan tranquilo como este y los niños que tenemos la libertad de ir a la escuela y volver en bici o ir al Complejo y volver caminando y los padres la tranquilidad de que eso suceda; o por ejemplo vamos a tener los compañeros de Jardín que luego vamos a tener de compañeros en la escuela y posiblemente los tengamos en el Secundario, y ese lazo se va a ir ensanchando con el tiempo de una manera formidable.
Sin embargo cuando ese niño crece y entra en la adolescencia y durante toda la juventud la deuda es al revés: La Madrid tiene una gran deuda con los jóvenes a veces. No hablo de toda la sociedad sino de una parte que, por ejemplo, cuando se rompe algo o sucede algún disturbio lo primero que dicen es que seguramente fue un joven alcoholizado, puede que tengan algo de razón pero no nos cae en gracia que piensen eso. Muchos artistas dicen que la juventud es un estado del alma, un estado de la creatividad; existen los viejos-jóvenes, aquellos mayores que tienen muchísima creatividad y vitalidad, y saludo a todos ellos; pero también están los jóvenes-viejos, aquellos jóvenes que alcanzan una adultez, una madurez y una seriedad sin antes terminar la edad del pavo.
Los jóvenes tenemos un gran desafío con La Madrid, uno grandísimo: hemos escuchado durante muchos años que en La Madrid no pasa nada, que en La Madrid no hay nada, que en La Madrid no se hace nada. Tenemos dos caminos, o seguimos diciendo que no pasa nada y nos sentamos a mirar y ver que la vida nos pasa por la vereda. O empezar a hacer que las cosas pasen y se hace mucho más interesante; el hecho de que no pase nada nos está diciendo paradójicamente que está todo por inventar o está todo por hacerse, y ese es el gran desafío.
Yo pregunto ¿La Madrid conoce a sus jóvenes, conocemos de verdad a los jóvenes, conocemos sus gustos, sus intereses, sus pensamientos? O solamente les miramos el boletín al final del trimestre y sabemos que hacen una fiesta para el Día del Estudiante una vez por año.
Tenemos una juventud maravillosa, increíble, con muchísimo talento. Sólo falta abrir Instagram que es una red social bastante utilizada y ver cómo suben los videos cantando, demostrando sus talentos y cualidades.
Estamos frente a una nueva juventud. Ya no es la juventud que pasaba horas frente al televisor o frente a medios tradicionales como la radio o el diario consumiendo, viendo información ya masticada y teniendo que repetirla solamente.
Estamos frente a una juventud donde las redes sociales les piden que cree algo para poder participar. Para poder subir algo a una red social hay que usar la creatividad, y para eso hay que tener talento.
Estamos ante una nueva juventud que entiende que violencia es mentir, por ejemplo. Que si hablan mucho de diálogo deben ser medio charlatanes por ahí.
Estamos ante una juventud que entiende la igualdad de los derechos de la mujer. Ante una juventud que ama muchísimo a su pueblo, muchísimo. Lo que pasa es que hay que escuchar a los jóvenes. Los jóvenes siempre han sido hablados: se habla de ellos pero no hablan ellos, y el gran desafío está ahí, en sentarse a escucharlos.
Hemos escuchado muchas veces que a La Madrid hay que pasarle un arado, una frase muy constructiva por cierto. Les puedo asegurar que si haceos 100 o 200 kilómetros a la redonda en otros pueblos o ciudades también dicen que hay que a su ciudad hay que pasarle un arado. Evidentemente esta propuesta no ha tenido mucho éxito porque aquí estamos, cumpliendo 128 años que no es poco.
La Madrid es como una relación amor-odio. Los que están se quieren ir y los que no están se quieren volver.
Supongo que habrá un lamatritense por otras tierras que se le acelerará el pecho cuando escucha hablar de su pueblo, o como dijo el poeta “se mueren ahogados en lágrimas por la nostalgia, ahorcados a los cables de los teléfonos para las navidades y los cumpleaños”. La Madrid a veces viaja en una encomienda, para los estudiantes sobre todo, una encomienda que cae del cielo con algún chorizo seco, con alguna comidita casera hecha por manos de madres o abuelas que extrañan a sus pibes que se fueron con la posibilidad de volver. Porque existe esa posibilidad de volver.
A veces nos juntamos allá con pibes de La Madrid y nos ponemos a charlar, a contar historias y anécdotas sobre el pueblo, y nos reímos mucho por cierto. Y para que esa historia tenga gracia tenemos que conocer a la persona que protagoniza la historia y la anécdota. Por ahí nos sucede que estamos en un grupo donde no hay gente de La Madrid y se nos escapa algún dicho y no lo entienden, y les explicamos la historia y ahí más o menos se enganchan en lo que estamos hablando.
Siempre me interesó la historia y en particular la de La Madrid. Hay un documental que se llama “Los años felices” donde uno de los entrevistados comenta una anécdota en la que estaba conversando con Juan Carlos Pacín y se preguntan qué es La Madrid, qué somos. Y él responde: “La Madrid es un semillero de gente buena”.
Tenemos que comprender que lo más importante que tiene el pueblo es su gente, que el capital más grande somos cada uno de nosotros; eso sí, siempre y cuando lo hagamos valer ese capital y hagamos todo lo posible por mejorar nuestro queridísimo pueblo.